Category: Volunteer Blog

“It is not enough for your country to be at war, you should be more vulnerable!”

Nadia Ghulam, Editor: Laura Garcia Jordan

Translated by Melissa Barnetche

I write to you who know my passion for sharing, learning and listening. With many of you, I’ve had conversations about how war and peace are part of the history of all peoples. What I can tell you now, because of what I am experiencing and learning here on Lesvos, is that there are different forms and consequences of what we know as war. The first consequence is death and destruction. After comes the reconstruction phase which is almost impossible. War brings unimaginable destruction, displaces millions of people, and destroys families. Refugees have lived through all of this.

Some of you from this island that took me in a while ago, explained to me an anecdote, both funny and sad: the men’s obligation here in Greece to fulfil military service, which they do not want to do. They would appear sick, or crazy, or incapacitated. And I told you that a while ago, there was an obligatory military service back in my country, and that people sought the same excuses to avoid it. Now, many young men go to war. It is their only option to move forward and have something to eat after more than 40 years of war in Afghanistan. There are no other options for them.

Today, with these words, I want to tell what it is that is happening here in Lesvos. As you know, there are many people here from different countries such as Syria, Haiti, Congo, Afghanistan, Pakistan. Every single person has stories riddled with difficulties, stories of the hardship they’ve gone through to escape their countries, to escape war, to escape violence. The majority are young people with hopes of being able to study and have a better future. No one leaves their home because they want to. Who would put their life in the hands of a smuggler? Who would gamble their lives in the sea, in the mountains, in the jungles… hungry, thirsty, and walking for months? You cannot imagine the faces of these young people when they look at you and tell you “I want to study, I want to work but, there’s nothing on this island.” It really is a prison here!

They tell me that they have been forced to escape their country. Some say that the Taliban forced them to go to war, or that they took their freedom away, threatening them with death if they dared leave. But they escaped. Some of them escaped the violence and the lack of freedom. Many escaped in order to have the chance of a better life, to have access to everything human beings need to live, to have access to that which is vital in our lives. And of course, they arrive here and ask the UNHCR and other international organizations for help, convinced that they will be helped, that they will understand. When they arrive, they have already experienced death many times around, life and death, they live and live again like a cat. Yet when they arrive here, they find a prison island. Here they remain trapped without any possibility to grow as human beings.

There are very few options to leave the island. To do so as asylum-seekers, they have to pass very difficult tests and one of them is to show and prove that they are vulnerable. There are only a few categories of vulnerability: being pregnant, having a physical or mental disability, having serious health problems or having been a victim of torture. What I have seen here are the disturbed faces, filled with confusion and despair when they hear of these criteria. I have heard the same questions over and over. Isn’t it enough that I am telling you that I have overcome death many times to get here? Isn’t it enough that I managed to escape war? Isn’t it enough that I lost my loved ones on the way here? Isn’t it enough that in my homeland all human rights were violated? And moreover, I ask if it isn’t enough to have arrived all the way here, fleeing such horrors, under the extreme conditions of the journey. While I write this, I can’t contain my tears. Because the truth is that it isn’t enough.

Do you know what people do to prove they’re vulnerable? Many young girls cut their hands with a knife. The couples that already have children and who are living in a small tent with three or four other families get pregnant in order to able to improve their situation. It is so disturbing and violates human dignity so deeply that it hurts me to express this! Can you imagine a mother abandoning her child because he is a minor and this is the only way they have for him to be considered vulnerable? Can you believe that some newlywed couples who are searching for a better life away from war, resort to physical violence. They say that this is the only way to improve their situation. An attacked woman is a vulnerable woman who can get a certificate, and maybe this way she will be able to leave. I don’t know if you can imagine this, but it happens every day here on the island.

In Europe we talk about reception and integration. And again, I ask myself how can we help the people who have experienced these traumas? Everyday there’s violence and death here. Who wouldn’t go crazy in a situation such as this? As a social educator and as someone who has gone through similar experiences, I can assure you that these wounds and traumas are worse than a bomb that kills instantly.  I can’t experience the situation here and not talk about it. So I will continue to do so.

Castellano

La guerra no es suficiente, tienes que ser más vulnerable

Os escribo a vosotros, a los que me conocéis por mis curiosidades y por las ganas de compartir, aprender y escuchar.  Con muchos de vosotros hemos hablado de la guerra y de la paz, situaciones que forman parte de la historia de todos los pueblos. Lo que yo puedo contar, por lo que voy viviendo y aprendiendo, es que hay diferentes formas y resultados de lo que conocemos como guerra. El primero es la muerte y la destrucción. Después, viene la reconstrucción, que siempre precisa de esfuerzos casi ilimitados. La guerra conlleva una destrucción inimaginable, un desplazamiento de millones de personas y la disolución de familias. Esto, los refugiados lo viven, y hoy lo están viviendo en sus propias carnes.

Algunos, en esta tierra que me acogió hace ya un tiempo, me habéis explicado una anécdota divertida y triste al mismo tiempo: la obligación de los hombres a cumplir el servicio militar, que muchos jóvenes no querían hacer.  Para poder evitarlo, buscaban mil excusas: se ponían enfermos, se mostraban locos o con alguna discapacidad. Y yo os contaba que hace un tiempo, en mi país, también había servicio militar obligatorio y que la gente buscaba más o menos las mismas excusas para evitarlo. Pero ahora, las cosas han cambiado. Ahora, en mi país muchos jóvenes se van a la guerra. Después de más de 40 años de una guerra que parece interminable, la lucha armada es única opción para seguir adelante y poder  comer. La otra opción, la muerte.

Hoy, a través de estas líneas, os quiero contar algunas de las cosas que están pasando aquí, en Lesbos, y que tiene mucho que ver con los historias que me contabais y que me parecían tan inexplicables.

Como ya sabéis, aquí hay mucha gente de diferentes países: de Siria, de Haití, del Congo, de Afganistán, de Pakistán, etc.  Todos tienen historias llenas de las dificultades que han vivido para escapar de su país, de la guerra y de la violencia. La mayoría son jóvenes que han dejado su tierra con la esperanza de poder estudiar y tener un futuro mejor. Nadie deja su casa por gusto. ¿A quién  le gusta meterse en manos de traficantes de personas? ¿A quién le gusta jugarse la vida y la de sus hijos dentro del mar, en las montañas, en los bosques con hambre y sed caminando durante meses? ¡No os podéis ni imaginar la cara de estos jóvenes que te miran y te dicen “yo quiero estudiar, yo quiero trabajar pero en esta isla no hay nada”! ¡Es un auténtica prisión!

Me cuentan que se han visto obligados a escapar de su país, que los talibanes les obligaron a ir a la guerra o que les prohibieron la libertad o que los amenazaban de matarlos si se movían de sus casas. Y se han escapado. Algunos, de la violencia, de la falta de comprensión y de libertad. Muchos para tener un posibilidad de vivir mejor, para tener acceso a todo lo que los seres humanos necesitamos para vivir y que es imprescindible en nuestra vida. Y, claro, llegan aquí, a Europa, y piden ayuda a la ACNUR y a otras organizaciones internacionales con el convencimiento que los ayudarán, que los entenderán. Cuando llegan, ya han pasado muchísimas veces  por la muerte, por la vida: viven y vuelven a vivir, como un gato. Y llegan aquí y lo que encuentran es una isla sin salida. Aquí, se ven encerrados sin ninguna posibilidad de crecer como seres humanos.

Hay muy pocas opciones para salir. Para hacerlo como refugiados tienen que pasar por unas pruebas muy difíciles y una de ellas es mostrar y demostrar que son vulnerables. Los criterios de vulnerabilidad son pocos: estar embarazada de unos cuantos meses, tener alguna discapacidad física y/o mental, tener problemas graves de salud o haber sido víctima de tortura.  Lo que yo he visto son las caras de estupefacción, de impotencia y de desesperación cuando conocen estos criterios. Y unas cuantas preguntas que se repiten: ¿No es suficiente contaros que he pasado muchas veces por la muerte hasta llegar aquí? ¿No es suficiente que haya escapado de la guerra? ¿No es suficiente que haya perdido por el camino a mis seres queridos? ¿No es suficiente que en mi se pueblo hayan violado todo los derechos humanos? Ante todo esto, yo me pregunto si no es suficiente haber llegado hasta aquí huyendo del horror en condiciones extremas. Y mientras me hago esta pregunta y os cuento todo esto, no puedo aguantar mis lágrimas. Porque no, la realidad es que no es suficiente. Y lo más duro no queda ahí.

¿Sabéis lo que hacen para demostrar que son vulnerables?  Muchas jóvenes se cortan las manos con un cuchillo. Las familias que ya tienen hijos y están viviendo en una tienda pequeña con tres o cuatro familias más, tienen relaciones para quedarse embarazadas y así poder salir de esta situación. ¡Es tan fuerte y atenta tan profundamente la dignidad humana que me cuesta y me duele expresarme! ¿Os podéis imaginar a una madre que deja a su hijo abandonado porque es menor de edad y solo así puede conseguir el certificado de vulnerabilidad? ¿Os podéis creer la dureza para una pareja que se acaba de casar y busca una vida mejor lejos de la guerra y que la única salida que ve es la violencia física? Sólo así, hay salida, dicen: una mujer agredida es una mujer vulnerable que puede conseguir un certificado y, a lo mejor, podrá salir de aquí. No se si os lo podéis imaginar, pero esto está pasando cada día en esta isla.

Sí, ya sabéis, en Europa hablamos de la integración y de la acogida. Y otra vez, me vuelvo a preguntar cómo podemos ayudar a estas personas después de vivir estos traumas. Cada día hay violencia y muerte aquí. ¿Quien no se volvería loco en una situación como esta? Como educadora social y como persona que ha pasado por experiencias similares os aseguro que estas heridas y traumas son peores que una bomba que te mata al instante. Y yo no puedo vivirlo, escucharlo y no dejar de contarlo. Lo seguiré haciendo.

WAR AND VIOLENCE, FAR FROM THE 1001 ARABIAN NIGHTS

Nadia Ghulam, Editor: Laura Garcia Jordan

Translated by Melissa Barnetche

CASTELLANO

The stories of The Arabian Nights fall short next to the stories of the more than 10,000 people that live inside the refugee camps of the island of Lesvos. Every day, many of them go to the offices of non-profit organisations and solidarity groups that work here, such as the Legal Centre Lesvos.

Often, they arrive an hour earlier of the appointed time. Even though it is painful, they retell their long journey through snow covered mountains, through arid deserts, through the dangerous sea, carrying their small children in arms, going through different traumatic situations, crossing militarised borders, only possible with the help of human traffickers. These are real stories, not from The Arabian Nights. Before saying anything, their sorrowful eyes say everything. Theirs are stories of desperation, of terror, of fear and anguish. But above all, they are stories already lived without knowing the ending.

In these stories there’s not just one sultan who wants to kill the women. In these stories, there are sultans from different countries that come to reek terror – sometimes from abroad, sometimes from within their own borders, forcing citizens to escape. They kill and rape with abandon. There are so many people escaping their countries because of these sultans! These are not legends, these are not tales, these are real stories that are happening right now.

The traumas that these people have survived in their journeys to the island, don’t seem to me harsher than what was lived through World War II or during the Nazi era. And this is happening right now. They don’t tell us these stories in order to stay in the island, but with hopes of one day escaping this cancer that seems to have no cure. There are people in solidarity, volunteers and some non profit organisations that do what they can, but who also know that we can’t help them as they deserve. Against the great European powers, they are very small. Small compared to the powers that rule them and make decisions for them. But these individuals and groups are also great, thanks a strong heart that help them continue in these circumstances. We are listening in order to share the voices of those who arrive here, so that Europeans organise themselves outside the institutions which oppress them; and so that those who vote, refrain from voting for those who promote, allow, and sell the weapons that are destroying the lands, houses, and homes of so many people.

They tell us their stories over and over. Interpreters listen and translate, lawyers take notes, and with a look of empathy and solidarity, we accompany them. All have survived psychological and emotional blows, and hope the rest of humanity will listen to them. The hope of living in a better world is met with closed borders, the arms trade, the violent pillage of natural resources, the deployment of soldiers to perpetuate war. If people are continue arriving to Lesvos, it is because they are fleeing violence, and fleeing war.

There are many people that never imagined having to leave their countries by force. They didn’t know other ways of life, other cultures, other foods. Back in their countries they were shopkeepers, mechanics, farmers… Now they need to start all over again from nothing, without speaking the language, sometimes without even knowing how to read and write. How are they going to adapt! If Europe doesn’t want people to come here, then please leave Syria, Afghanistan, Palestine, Congo, Haiti alone! Let them live in peace! This farmer and this woman that don’t read and write even in their own language wanted to stay home, they didn’t want to come here. But war and the sustained violence left them no other option but to throw themselves to the mercy of the sea.

To stop this violence from continuing to grow, it is our duty as a civil society to organise and promote a world without these “sultans”. A world where we listen to each other, where we work to live in peace and love. A world with human sensibility. Where we respect each other and work towards a peaceful world without segregation and hardships. It is not hard to do. We just have to begin and work collectively to build and create this peace that we all desire so much. We just need to act.

Moria Camp, Lesvos, September 2019

Guerra y violencia, lejos de Las mil y una noches

Nadia Ghulam, editado por Laura Garcia

Las historias de Las mil y un noches quedan muy cortas ante las historias de las más de 10.000 personas que viven dentro de los campos de refugiados de la isla de Lesbos. Cada día, muchas de ellas acuden a las oficinas de cooperantes de las organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan aquí, y espacios solidarios, como Legal Center Lesbos.

A menudo, llegan una hora antes de su cita prevista. A pesar del dolor que les provoca, cuentan su dura travesía por el mar y por las montañas llenas de nieve o por desiertos sin agua, muchas veces con niños pequeños en brazos pasando por diferentes situaciones de trauma cruzando fronteras militarizadas a manos de los traficantes de personas. Son cuentos reales no de Las mil y un noches. Antes de empezar a contar nada, solo con sus miradas tristes ya te dicen todo. Son historias de desesperación, de terror, de miedo y angustia. Y sobretodo, historias vividas sin saber el final.

En estos cuentos no aparece un sultán que quiera matar sólo a las mujeres. En este cuento hay sultanes de diferentes países que llegan a generar horror – a veces desde afuera, a veces en sus propias fronteras- que obligan a los ciudadanos a escapar. Matan y violan sin parar. ¡Hay tanta, tanta gente que está escapando de su país por culpa de estos sultanes! No son leyendas, no son cuentos, son historias reales que ahora mismo están pasando.

Los traumas que han vivido estas gentes durante el viaje hasta llegar aquí, no me parecen menos duros que los que se vivieron en la Segunda Guerra Mundial o durante el nazismo. Y ahora, sí, ahora está pasando. Ellos no nos cuentan sus historias para quedarse en esta isla, sino con la esperanza que un día puedan salir de este cáncer que casi no tiene cura. Hay gente solidaria, voluntarios, y algunas organizaciones sin ánimo de lucro que hacen lo que pueden, pero también saben que probablemente no los podemos ayudar como ellos realmente merecen. Ante los grandes poderes europeos, son muy pequeños. Pequeños al lado del poder de los que mandan y deciden. Y también muy grandes gracias a un corazón muy fuerte que les ayuda a seguir viviendo. Estamos aquí escuchándolos para compartir su voz, para que la ciudadanía de Europa se organice fuera de las instituciones que les oprimen, y para que los que votan, no voten a los que promueven, a los que permiten, a los que están vendiendo las armas que están destruyendo las tierras, las casas, los hogares de tanta gente.

Ellos nos cuentan una y otra vez sus historias. Los traductores escuchamos y traducimos, los abogados toman nota y con una mirada de solidaridad los acompañan en este proceso. Todos sobreviven con golpes psicológicos y emocionales con la esperanza de ser escuchados por el resto de la humanidad. Con la esperanza de vivir esa promesa de un mundo mejor, que luego se convierte en una frontera cerrada, en la venta de armas, el saqueo violento de recursos naturales, y el envío de soldados para seguir con la guerra. Si están aquí es porque huyen de la violencia, de la guerra.

Hay mucha gente que nunca había pensado que tendrían que dejar su país para irse, por la fuerza, a otro lugar. No conocían otras formas de vivir, otras culturas, otras comidas. Algunas, en su país eran tenderos, mecánicos, campesinos… Ahora les toca empezar de nuevo sin conocer el idioma, a veces sin saber leer ni escribir. Como se van a adaptar! Si Europa no desea que la gente venga para aquí, por favor dejen en paz a Siria, Afganistán, Palestina, Congo, y Haití… ¡Dejen que vivan en paz! Este campesino y esta mujer que no sabe ni escribir su propia idioma querían quedarse en su casa, no querían venir. Pero la guerra y la violencia continuada no les dejó ningún otra opción que lanzarse al mar.

Para que esta violencia no siga creciendo más y más, nos corresponde a la sociedad civil organizarnos, promover un mundo sin estos ‘sultanes’. Un mundo donde nos escuchemos, donde trabajemos para que podamos vivir en paz y con amor. Un mundo que tenga sensibilidad humana. Donde nos respetemos y trabajemos para construir un mundo pacífico sin tantas separaciones y dificultades. No es difícil hacerlo. Solo nos tenemos que poner manos a la obra y trabajar conjuntamente para construir y cultivar esta paz que tanto deseamos. Solo tenemos que pasar a la acción.

A NEW CONCENTRATION CAMP MODEL: MORIA (LESVOS, EUROPE)

Nadia Ghulam

CASTELLANO

Here they try to hide it. But refugees live in the new model of a concentration camp.

During World War II there were concentration camps where millions of people were kidnapped and forced to be interned there. In what remains one of the great shames of Europe, millions were killed in mass in these concentration camps and in the extermination camps that followed.

Europe has changed its style of concentration camps, but continues to run them.

On paper there are some so called Human Rights that the powerful Western states use to protect their own interests, although for others these so called human rights documents only serve for the authorities to wash their hands and show that legality is being respected.

Currently, there are no extermination camps with gas chambers, but the concentration camps are still in existence, strategically killing in other ways.

In Moria Refugee Camp, people who come to Europe seeking life, not only do not find the famous Human Rights but they are met with hunger, terror, misery, hopelessness and death.

This weekend one child died in the refugee camp, stabbed to death. Few media outlets took notice. There have been no public protests. Not a minute of silence.

Another statistic for the list that does not stop growing: of murders, suicides, untreated diseases, hunger, hopelessness.

The Greek government and the European Union qualify refugees who arrive here as crazy and as criminals. This is far from the reality, but the conditions of the camp have made people lose their minds, without structure, without the possibility of advancing or being able to regain control of their lives. It is the strategy of the powerful to strip them of their humanity.

Dear European citizens: these people don’t want to die, they don’t want to kill or hurt each other. They have escaped war, death, and violence. They are asking for asylum to live, not to die !!!!

They do not know that they are experiencing a new concentration camp model.

Once they arrive here they find extreme conditions, 12 hours of queue to get a plate of food, one tent to share between 3-4 families, stacked one above the other, sleeping in extreme weather conditions.

They do not know what the future that awaits them holds and there is no one to listen to them and recognize their dignity as humans.

We really don’t know how we can help them, when the police refuse to take any action (and make it almost impossible to file a complaint, considering them scum); UNHCR’s doors and meetings are closed to the refugees themselves; NGOs are silenced by the threat of being accused of human trafficking; without a medical team prepared with sufficient doctors, psychologists, psychiatrists, educators or social workers. Constant calls for help from refugees to all entities… walking in circles, like a fish that bites its own tail, without anyone really getting them out of this hell.

Friends. People who read this article. Surely you are thinking that I have no hope; I know this article is harsh. The reality is even harsher and something must be done to reverse this situation. We need a new revolution of the conscience to stop this from occurring. If we do nothing, we are contributing to it. So don’t turn your back on this situation, on these people who deserve to live just like you.

Moria Camp, Agosto 2019

Un nuevo modelo de campo de concentración: Moria (Lesvos, Europa)

Aquí intentan ocultarlo. Pero los refugiados viven en el nuevo modelo de campo de concentración.

Durante la Segunda Guerra Mundial había campos de concentración donde millones de personas se veían raptadas y obligadas a estar allí. En lo que sigue siendo una de las grandes vergüenzas Europeas, millones fueron exterminados en estos campos de concentración y en los campos de exterminación.

Europa ha cambiado su estilo de campos de concentración, pero los sigue manteniendo.

Por suerte hay unos “papeles” llamados Derechos Humanos que sirven a los estados poderosos occidentales para proteger sus propios intereses, aunque para los demás sólo sirven para que las autoridades lavan las manos y hacen ver que la legalidad está siendo respetada.

Actualmente, no hay campos de exterminación con cámaras de gas, pero los campos de concentración sigue en existencia, matando estratégicamente de otras maneras.

En el Campo de Refugiados de Moria las personas que vienen a Europa buscando la esperanza de vida no sólo no encuentran los famosos Derechos Humanos sino que encuentran el hambre, el terror, la miseria, la desesperanza y la muerte.

Este fin de semana ha muerto un menor en el campo de refugiados, acuchillado. Pocas noticias al respeto. Ni una manifestación. Ni un minuto de silencio.

Una cifra en la lista que no para de crecer: de asesinatos, suicidios, enfermedades no tratadas, hambre, desesperanza.

El gobierno griego y la Unión Europea califican a los refugiados que llegan aquí de locos y criminales. La realidad no es ésta sino que las condiciones del campo les enloquece, sin referentes, sin posibilidades de avanzar ni poder volver a tener el control de sus vidas. Es la estrategia de los poderosos de quitarle la humanidad.

Estimados ciudadanos europeos: esta gente no quiere morir, no se quieren matar ni herir unos a otros. Ellos han escapado de la guerra, de la muerte, también de la violencia. Estando pidiendo asilo para vivir, no para morir !!!!

Ellos no saben que están experimentando un nuevo modelo de campo de concentración.

Una vez que llegan aquí se encuentran condiciones extremas, 12 horas de cola para conseguir un plato de comida, una tienda para compartir entre 3-4 familias, una sobre la otra, durmiendo en condiciones climáticas extremas.

No saben cuál será el futuro que les espera y no hay nadie que los escuche y les haga sentir personas llenas de dignidad.

Realmente no sabemos cómo les podemos ayudar cuando la policía se niega a tomar ninguna acción (y les hace casi imposible presentar denuncia, considerándolos escoria); las puertas y reuniones de ACNUR son cerradas a los refugiados mismos; las ONG están silenciadas por la amenaza de ser imputadas por tráfico de personas; sin un equipo médico preparado con médicos, psicólogos, psiquiatras, educadores o trabajadores sociales. Constantes llamadas de ayuda de los refugiados… a todas las entidades, caminando en círculo, como un pez que se muerde la cola, sin que nadie realmente los pueda sacar de este infierno.

Amigos. Personas que leáis este artículo. Seguro que han pensado que no tengo esperanza, sé que este artículo es duro. La realidad es aún más dura y habrá que hacer algo para revertir esta situación. Necesitamos una nueva revolución de las conciencias para no permitir que esto suceda. Si no hacemos nada, contribuimos a ello. Así que no demos la espalda a esta situación, a estas personas que se merecen vivir un vida igual que tu.

The pain is immense and we should talk about it

Nadia Ghulam

ΕΛΛΗΝΙΚΑCASTELLANO

The refugees we find here have a heavy pain in their hearts. It is a pain that is felt, a pain that causes harm, that reaches into the depths of their souls, like a fire that burns through forests and roads without stopping. We do not know the consequences of this burning nor if it will end.  We do not know if this fire will let them grow as people, adults and children alike, the future refugees of Europe. Maybe or maybe not. Don’t get lost! – I scream in silence. The pained faces of these people are filled with smiles, smiles that make an impression, despite the pain and uncertainty they face in life. It is impressive to watch them defy the difficulties they are going through and the capacity for resilience they possess. They are moved by the hope for a home, for a place where they can come together with their families, where their children will be able to go to school and live in peace.

I met a woman with a sea of tears in her eyes. And at the bottom of this sea, I saw the flicker of her hope. The hope for an education for her children, the hope that they will have knowledge and resources and, that like me, they will in turn aid other refugees. A man asked me if human rights exist in Europe. I choked up. I am in Lesvos as a volunteer, supporting the Legal Centre Lesvos, an organization defending these supposed human rights, which are systematically violated here. I breathed for a few minutes to be able to say something about human rights in Europe. And after a moment of silence I realized that this man, with a seven-year-old daughter, who had lost a mother and a brother along their way, should not lose hope. So, I told him no, that those human rights of which he speaks about are not respected here, but still there are people with generous hearts awaiting him. You will find, I said, a civil society who, not deterred by their governments’ walls, is still knitting quilts, preparing food, and creating spaces where people can speak about what is happening, sharing the pain and concern for people like you. And you will find, I added, families who are waiting for you to accompany you toward a better future.

And while I convincingly repeat these words, I write now with the certainty that the tragedy is heavy, that it is massive. The desperation of people who are forced to leave their homes, to leave and lose their families on this journey toward an unknown place, an uncertain and harsh place, is immense. We have to try to explain this pain, we should not stop telling their stories, revealing it to Europe, to the world. For the time being, I will try while I am still here.

 

Moria Camp – July 2019

Ο πόνος είναι τεράστιος και πρέπει να μιλήσουμε για αυτό.

Οι πρόσφυγες που βρίσκουμε εδώ έχουν έναν βαρύ πόνο στις καρδιές τους. Είναι ένας πόνος ο οποίος μπορεί να αισθανθεί, ένας πόνος που προκαλεί κακό, ο οποίος φτάνει στα βάθη των ψυχών τους, σαν φωτιά που καίει δάση και δρόμους χωρίς να σταματά. Δεν γνωρίζουμε τις συνέπειες αυτού του καψίματος, ούτε εάν θα τελειώσει. Δεν γνωρίζουμε εάν αυτή η φωτιά θα τους αφήσει να μεγαλώσουν σαν άνθρωποί, σαν ενήλικες και σαν παιδιά, τους μελλοντικούς πρόσφυγες της Ευρώπης. Μπορεί ναι μπορεί και όχι. Μην χαθείς! – Φωνάζω στην σιωπή. Τα πονεμένα πρόσωπα αυτών των ανθρώπων είναι γεμάτα χαμόγελα, χαμόγελα που κάνουν εντύπωση, παρά τον πόνο και την αβεβαιότητα που αντιμετωπίζουν στην ζωή. Είναι εντυπωσιακό να τους βλέπεις να αψηφούν τις δυσκολίες που περνάνε και την ικανότητα ανθεκτικότητας που διαθέτουν. Κινούνται από την ελπίδα για ένα σπίτι. Για ένα μέρος όπου μπορούν να έρθουν μαζί με τις οικογένειες τους, όπου τα παιδιά τους θα είναι ικανά να πάνε στο σχολείο και να ζουν ειρηνικά.

Γνώρισα μια γυναίκα με μία θάλασσα από δάκρυα στα μάτια της. Και στον πάτο της θάλασσας, είδα το τρεμόπαιγμα της ελπίδας της. Η ελπίδα για εκπαίδευση για τα παιδιά της, η ελπίδα ότι θα έχουν την γνώση και πόρους και, σαν εμένα, θα βοηθήσουν σε αντάλλαγμα άλλους πρόσφυγες. Ένας άνδρας με ρώτησε εάν τα ανθρώπινα δικαιώματα υπάρχουν στην Ευρώπη. Πνίγηκα. Βρίσκομαι στη Λέσβο σαν εθελόντρια, υποστηρίζοντας το Legal Centre Lesvos, έναν οργανισμό που προστατεύει αυτά τα υποτιθέμενα ανθρώπινα δικαιώματα, τα οποία παραβιάζονται συστηματικά εδώ. Πήρα κάποιες ανάσες για μερικά λεπτά για να μπορέσω πω κάτι για τα ανθρώπινα δικαιώματα στην Ευρώπη. Και μετά από μία στιγμή σιωπής, συνειδητοποίησα ότι αυτός ο άνδρας, με μία εφτάχρονη κόρη, η οποία έχασε τη μητέρα της και τον αδερφό της στην διαδρομή, δεν πρέπει να χάσει την ελπίδα. Έτσι, του είπα όχι, ότι αυτά τα ανθρώπινα δικαιώματα για τα οποία μιλάει δεν γίνονται σεβαστά εδώ, αλλά υπάρχουν άνθρωποι με γενναιόδωρες καρδιές που τον περιμένουν. Θα βρεις, είπα, μια κοινωνία πολιτών η οποία, δεν αποθαρρύνεται από τα τοίχοι των κυβερνήσεων της, εξακολουθεί να πλέκει παπλώματα, να ετοιμάζει φαγητό και να δημιουργεί χώρους όπου οι άνθρωποι μπορούν να μιλούν για το τι συμβαίνει, να μοιράζονται τον πόνο τους και την ανησυχία για τους ανθρώπους σαν εσένα. Και θα βρεις, συμπλήρωσα, οικογένειες που σε περιμένουν για να σε συνοδεύσουν σε ένα καλύτερο μέλλον.

Και ενώ επαναλαμβάνω πειστικά αυτά τα λόγια, γράφω τώρα με βεβαιότητα ότι η τραγωδία είναι βαριά, είναι τεράστια. Η απόγνωση των ανθρώπων που αναγκάζονται να φύγουν από τα σπίτια τους, να φύγουν και να χάσουν τις οικογένειες τους στο ταξίδι για ένα άγνωστο μέρος, ένα αβέβαιο και σκληρό μέρος, είναι αχανές. Εμείς πρέπει να προσπαθήσουμε να εξηγήσουμε αυτόν τον πόνο, δεν πρέπει να σταματήσουμε να λέμε τις ιστορίες τους, να τις αποκαλύπτουμε στην Ευρώπη, στον κόσμο. Προς το παρόν, θα προσπαθήσω ενώ είμαι ακόμα εδώ.

Moria Camp – July 2019

El dolor es enorme y hay que contarlo

Los refugiados que encontramos aquí tienen un gran dolor en el corazón. Un dolor que se siente, que hace mucho daño, que llega hasta el fondo de su alma, como un fuego que quema los bosques y los caminos sin parar. No sabemos las consecuencias de este ardor y tampoco si tendrá un final. No sabemos si este fuego les dejará crecer como personas, adultos y niños, futuros refugiados europeos. Quizás sí o quizás no. ¡No os perdáis!, grito en silencio. Los rostros de estas personas tan dolidas están llenos de sonrisas, sonrisas que impresionan, a pesar del dolor y de las incertidumbres que tienen sobre la vida. Impresiona ver cómo se enfrentan a las dificultades que están viviendo y la capacidad de resiliencia que tienen. Los mueve la esperanza de un hogar, un lugar donde encontrarse con sus familias, donde sus hijos puedan ir a la escuela y vivir en en paz.

He conocido una mujer con un mar de lágrimas en sus ojos. Y en el fondo de este mar vi el brillo de su esperanza. La esperanza de una educación para sus hijos, la esperanza que podrán tener conocimiento y recursos y que, como yo, también ayudarán en otros refugiados. Un hombre me preguntaba si en Europa existen los derechos humanos. Se me ha cerrado la garganta. Estoy en Lesbos como voluntaria, apoyando el Legal Centre Lesvos – una organización defendiendo esos tales derechos humanos que tanto se violen aquí. He respirado unos minutos para poder decir algo sobre los derechos humanos en Europa. Y después de un momento de silencio, me di cuenta que no quería que este hombre con una hija de unos siete años que ha perdido a su madre y a un hermano por el camino, pierda la esperanza. Le dije que no, que en Europa no se realicen esos derechos humanos de los que el me habla, pero existen personas con un gran corazón que te están esperando para recibirte.  Si que encontrarás, le dije, una sociedad civil que, a pesar de unos gobiernos que están poniendo toda las barreras,  siguen tejiendo sábanas y preparando ropa y creando espacios donde se puede hablar sobre lo que está pasando, compartiendo el dolor y la preocupación por las personas como vosotros. Y aún añadí que sí, que hay hogares donde os están esperando con ganas de acompañaros para conseguir un futuro mejor.  

Y mientras repito estas palabras convencida, puedo escribir aquí con claridad que la tragedia es fuerte, es grande. Es enorme la desesperación humana que viven las personas que tienen que irse de su casa y dejar atrás su familia o perderla en este tránsito hacia un lugar desconocido y, casi siempre, incierto y duro.  Tenemos que explicarlo, no dejar de contarlo y de mostrarlo a Europa, al mundo. De momento, lo intentaré mientras estoy aquí.